Lalalá (8)


No entiendo por qué siempre al llegar la noche me siento tan... tan echa polvo. En serio, no lo entiendo. Últimamente entiendo pocas cosas, la verdad. Dar todo a cambio de nada. Eso me pasa. Creo que doy demasiado, a diferencia de lo poco que recibo. Y, no soy de esas personas. No doy algo, para obtener algo. Pero, a veces, también me gusta recibir, no sé si me entiendes. Y no, no hablo de cosas materiales. Hablo de cariño, sobre todo de eso. Llevo tanto tiempo esperando oír un "te quiero", que ya no sé ni desde cuando. Me gusta sentirme querida, como a todos, supongo. Por eso, cuando una sola persona muestra algún tipo de afecto hacia mí, me siento la chica más afortunada del mundo. Con casi nada, pero algo que significa mucho. Me encanta. Me encanta que me digan que qué buena chica soy, que qué bien escribo, que soy muy simpática. Que ojalá todo el mundo fuese como yo. Esta última es, probablemente, la que mejor me ha hecho sentir. Bueno, esa, después del "gracias por existir". Con eso soy feliz. ¿Tanto cuesta decir gracias, eres genial, o te quiero? Yo creo que no. De todos modos, soy una chica fuerte, aunque débil a la vez. Pero debido a mi fuerza interior, casi siempre llevo una sonrisa pintada en la cara, aunque no sea verdadera. Porque me gusta. Me gusta que la gente me vea bien, que me vean feliz, aunque realmente no lo esté. Incluso a veces intento engañarme a mí misma. Pero siempre acabo de la misma manera. Y realmente, aunque yo lo pase así, no me gusta ver a los demás en la misma situación. Por eso siempre doy el mismo consejo: ¿Por qué no vas al espejo, y te miras poniendo un par de caras raras? Seguro que la personita del espejo te saca una sonrisa. ¿Qué mejor persona para sacarte de un bache que tú misma? Si no te quieres tú, no te quiere nadie.
   

1 comentario:

Lauú dijo...

Nunca tendremos más apoyo que nuestras piernas. Muy linda entrada, un beso.
http://laa-au.blogspot.com